Una de las peores épocas del año, sin duda, es aquella en la que los estudiantes nos vemos obligados a abandonar nuestra vida normal y encerrarnos en una biblioteca. Ese temido momento, el período de exámenes, es una época confusa que causa muchas discusiones y algún que otro momento surrealista.
Ese periodo que casi siempre, la madre que parió al sistema, coincide o con lacopa(febrero) con los play off (junio-julio) y, a veces con la supercopa(septiembre) viene, no solo a fastidiar todos los viajes y visionados departidos de fútbol sala, sino también nuestro sistema nervioso. Porque seamos realistas es la temporada en la que las diminutas tazas de café en una terraza o cafetería se convierten en termos o jarras de café casero, que bebemos sentados en las escaleras de la facultad. Y esto en el mejor de los casos porque en el peor de ellos te ves obligado a recurrir a la cantina del aulario general de la Merced o, kike no lo quiera, a la máquina de cafés de cualquier lugar y eso trae consecuencias inolvidables.
Una de las historias que me dispongo a contar, estoy segura, aunque nadie me lo haya confirmado, empezó con una joven y un café de la máquina en una noche de estudio.
Hace algunos años, septiembre de no me acuerdo cuando, unos cuantos compañeros y yo decidimos quedar en el aula de estudio después de un largo día de trabajo. Conforme íbamos saliendo del restaurante donde trabajábamos nos íbamos incorporando al aula. La revolución llegó cuando “ella” la chica que identifica la navidad con la longaniza, hizo su aparición en clase. Ella, para que imaginen su entrada triunfal, es una azafata rubia, alta y alegre que nada más aparecer hizo que todos y cada uno de los ojos que, segundos atrás leían ávidamente sus apuntes, se dirigiesen hacia ella olvidando por completo todas sus obligaciones para con sus estudios. Con paso firme y decidido, J, que es como llamaremos a nuestra joven, subió a la tarima para llegar a nuestro lado cuando de repente…ZAS, EN TODA LA BOCA, piñazo contra la mesa del profesor. Después de exclamar en voz lo suficientemente alta “vaya hostia me he pegao” se puso junto a C.
Todo volvía a la normalidad, así que me puse mis cascos y seguí con mi literatura españoladel s XX (II). Concentrada me hallaba cuando de repente observé que todo el mundo me miraba y me caían bolitas de papel en la cabeza. Fro me avisa “Jesse te llaman”. Miro y era J que me dice susurrando a voz en grito: “Cheni, sácanos la tarta “pal” cumple de mañana que JA nos mata porque se nos ha olvidado” afirmo con la cabeza intentando que todo el mundo deje de mirarnos y para calmar los ánimos reparto algunos kojacs, que si uno para p, n y f, otro para Fro, para C,para J, para M y D porque claro, ya sabemos que la ingesta de azúcar tranquiliza un huevo.
Cuando creemos que el resto de estudiantes que no huele a freidora (recuerdo que salíamos de trabajar) ha vuelto a concentrarse vemos como M, se levanta en lo que ella creía un movimiento sigiloso. La intención: cambiar su silla por otra con palo intermedio en las patas para estar más cómoda. Unos clin click plof, plin después, que se prolongaron más de los deseado y todo arreglado M ya ha conseguido su silla y, como era de esperar, terminar de desquiciar al aula. Para evitar un linchamiento decidimos salir a tomar un café, que como sabemos también tranquiliza una barbaridad.
En ese parón de estudios F nos cuenta que lo que estábamos viviendo hoy no era nada comparable a lo que ellos vivieron el día anterior. Entre carcajadas nos contó como J (nuestra rubia adorable) en una urgencia había tenido que ir al baño por problemas mayores, y que después de salir corriendo tuvo que regresar porque en el WC no tenían papel. Desesperada se dirigió a él y le pidió pañuelos. La conversación sucedió tal que así:
J-Tío tienes clínex, es que no hay papel y me estoy cag…(ella creyó que susurraba)
F.No, J usa la libreta (también creyó que susurraba)
J-ACHO F, CÓMO VOY A USAR UNA LIBRETA ME VOY A RASPAR TO EL CULO (esto ya no era ni un intento de susurro y por supuesto las carcajadas del resto tampoco cuando J, muy dignamente, cogió su libreta y se marchó del aula.
Las risas de todos los que estábamos en el patio de la facultad solo paraban para tomar algunos sorbos de aquel café tan asqueroso, que al fin y al cabo nos permitía estar despiertos a las 2 ó 3 de la mañana. Las anécdotas iban y venían, fue un momento divertido. Antes de regresar al aula decidimos soltar, decirnos todo lo que teníamos dentro para evitar la muerte a manos de estudiantes desquiciados.
20 anécdotas y unos 3 cafés después entramos a estudiar de nuevo: silenciosos, concentrados, preparados para el último empujón. Todos y cada uno de nosotros se centró en sus apuntes. Un ratillo después, J, se levantó con lo que parecía ser una emergencia, esta vez apenas hizo ruido pero a los pocos segundos de salir la puerta se volvió abrir. Era ella, que algo encabronada, sin decir palabra se acercó a su mesa, cogió su libreta y se marchó. Las carcajadas de todos los que conocíamos su historia terminaron por desquiciar al resto de estudiantes que no comprendieron de qué nos reíamos y manifestaron abiertamente que estaban hasta los mismísimos de nosotros. Cuando los suspiros de los presentes se convirtieron en amenazas reales contra nuestra persona decidimos dispersarnos por el bien de nuestra salud.
Sindicación
22/02/2011 @ 12:20:32
por Admin
Este mensaje que Jesse te ha ...
07/12/2010 @ 14:39:30
por fro
He de confesar que yo también ...
17/11/2010 @ 13:54:29
por Ana
Jjejejeje, menudo \\\\\\\\\\\\\\"anuncio\\\\\\\\\\\\\\", le faltaba la ...
22/10/2010 @ 10:35:11
por Pontones
jajajajaajajajajajjajajaaj No, no resulta creíble. Cualquiera ...
20/10/2010 @ 14:36:01
por fro